ANIVERSARIO (One-shot)

Summary

Pequeña continuación del fanfic "Oscuridad", en que la protagonista ha aprendido a amar a la reencarnación de su amado.

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Complete
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1
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16+

Primer Aniversario

Me sentía muy nerviosa. No sabía si funcionaría, pero haría mi mayor esfuerzo. Decoraba la sala del departamento de manera frenética, como si no existiera un mañana. Había tenido todo el mes para hacerlo y lo había dejado para última hora. No era mi culpa, había estado muy ocupada con los asuntos de mis clases del colegio que no me dio tiempo. Ya era nuestro primer aniversario y todavía no pensaba ni en la cena ni había terminado de decorar la sala. Quería una cena romántica, algo realmente especial. Por fin, no le hablaba al dibujo de Muzan en la pared ni cenaba frente a él. Ese cuadro estaba ya en el armario.

—Sólo dime si abrirás o no, Reiko— su voz me sacó de mi desastre mental. Estaba en la escalera metálica, colgando unos adornos en el techo cuando lo escuché.

—¡Lo siento! — exclamé y caí al suelo de manera estrepitosa. Creo que el golpe de mi cuerpo contra el suelo se escuchó hasta afuera, junto con mi grito de dolor.

—¿Todo bien, Reiko?

—¡Un segundo! — me levanté enredada del papel decorativo y los adornos. Mientras corría hacia la puerta para abrir, fui quitándome todo lo que tenía encima. Me alisé la ropa y abrí la puerta, para salir y cerrar de inmediato, tratando de esconder el desorden que tenía. Ahí estaba mi hombre, vestido de manera casual, esbozando una sonrisa.

—¿Estás bien? — me preguntó, quitándome un adorno pequeño de mi cabeza en forma de corazón.

—Sí, sí, estoy bien— le quité el objeto y lo guardé en mi bolsillo, sintiéndome nerviosa.

—De todos modos, ya lo vi— me dijo. Me reí de modo nervioso y luego suspiré. Muzan extendió hacia mí su mano cerrada.

—Pon tu mano— le obedecí. Puso en ella una pequeña caja de cartón color negro, con un lazo rojo.

—Espero te guste. Lo hice yo mismo. Es algo hecho con resina— sonreí. Sabía que él era muy bueno trabajando con ese material. Yo le había enseñado, pues en los últimos meses tomé varios cursos y mi novio fue mi aprendiz y ahora me superaba.

—Lo veré más tarde. Estoy algo ocupada y podría romperse. Y te daré tu regalo— contesté, guardando en mi bolsillo la pequeña caja.

—Sí, eso se ve— me respondió— sólo vengo a decirte que mis padres ofrecieron el departamento para celebrar nuestro aniversario. Ellos estarán fuera, así que estaremos solos. Me dijeron que podemos ordenar comida y ver películas, que no hay ningún problema— me sentí un poco mal. Por un momento, pensé en molestarme, pues tenía todo un desastre en casa para pasar esa noche tan especial y había pasado toda la mañana planeando algo y Muzan venía, con su irresistible sonrisa, a dar una idea práctica. Me detuve. Él no sabía de mis planes, así que no tenía por qué enojarme con él.

—Suena genial— le contesté, forzando una sonrisa.

—Pasaré por ti más tarde, linda— me dio un ligero beso en los labios y se retiró, para entrar a su departamento. Me sentí un poco mal por mi comportamiento. Había sido un poco fría y distante con él y eso que pensaba devorarlo a besos en cuanto lo viera. Suspiré y caminé hacia su departamento, dispuesta a disculparme, pues ni le había correspondido al beso ni me había despedido. Llamé a la puerta y él abrió de inmediato.

—Me acabo de despedir de ti y, ¿ya me extrañas? — me preguntó.

—Ja, ja, qué gracioso— le respondí— y no, no es eso... bueno, si, pero no vengo a eso.

—Ah, ¿no? ¿Entonces?

—Muzan me porté un poco fría contigo.

—Eso no es novedad— me respondió en tono sarcástico.

—Muzan, no soy así, es sólo que estoy atareada

—Ve directo al grano— sus ojos carmesíes me miraban con tanta indiferencia que comencé a sentirme peor. Cuando me miraba así, las emociones se mezclaban en mi interior y terminaba haciendo que me enfadara, como cuando él era demonio.

—Vine a pedirte disculpas— le dije en voz baja— por mi comportamiento. Lo siento— él se quedó en silencio unos segundos. Bajó la mirada, para luego alzar los ojos y comenzar a reír. Terminé por enfadarme.

—¿Qué es tan gracioso? — le pregunté.

—Tú, ¿te estás disculpando? — exclamó sin dejar de reír— ¡eso no me lo esperaba! — estaba tan enfada que sentí que lloraría. Mis ojos comenzaron a arder y sentí como mi rostro se puso rojo. Apreté los puños y le respondí:

—Te detesto. Sólo pierdo el tiempo— para luego darme la vuelta e irme a mi casa, mientras sentía como las lágrimas resbalaban por mis mejillas y sin mirar atrás.

—¡Reiko! — escuché su voz a mis espaldas, pero lo ignoré.

—¡Reiko, no lo dije en serio! — seguí caminando. Entré a mi departamento y me dejé caer apoyándome en la puerta, comenzando a llorar. No sabía exactamente por qué lloraba, pero lo hice. Hundí mi rostro entre mis rodillas y no me contuve. Muzan siempre era así, pero aún no me acostumbraba a eso. Había pasado ya más de cien años desde mi última interacción con él cuando era demonio que no sabía como tratarlo ahora. Estábamos cumpliendo ya un año de tener una relación, queríamos celebrar ese tiempo y todo pintaba para ser un gran desastre. ¿La culpa era mía? Sí, era totalmente mi culpa. Él me había estado llamando, pero lo ignoré por una razón muy sencilla: podría decirle cosas de las que luego me arrepentiría aunque me arrepentía de haberle dicho que lo odiaba. Reiko Sato arruinando todo de nuevo.

A mi mente vino la imagen de aquella triste mañana, cuando vi a Muzan carbonizarse a la luz del Sol, en medio de los escombros del Castillo Infinito. Abrí los ojos bruscamente. Estaba en mi departamento. Me había quedado dormida de tanto llorar y no supe cuánto tiempo había pasado. Estaba acostada en el suelo, frente a la puerta. Vi por las ventanas que ya era más de medio día, así que me incorporé y vi el desastre en mi sala. Suspiré. Caminé hacia la escalera, la levanté y proseguí a quitar toda la decoración. Pasaría ese día sola, al parecer. Mi móvil timbró, indicando que tenía un mensaje. Alcancé a ver que era de Muzan. No quería saber nada de él por el momento. Podría parecer uno de mis berrinches de adolescente, como en el pasado, pero seguía muy sentida con él. Yo había ido a disculparme por mi comportamiento frío y distante de antes y él se había burlado de eso. Según, no había dicho nada en serio, pero me había herido. Sabía que gran parte de la culpa era mía, pero tampoco me iba a disculpar. Aquel primer intento había sido tirado a la basura más temprano. Quité una parte de los adornos y bajé de la escalera, para sentir algo en uno de mis bolsillos. Me llevé la mano y saqué el corazón de cartón que tenía en mi cabello por la mañana y el regalo de Muzan. Suspiré. Desaté el lazo y abrí la caja. Mis ojos se llenaron de lágrimas al ver el interior. Tenía papel en trozos, color rojo, y un corazón de resina negro, con la mitad degradada en color blanco y una cadena muy linda color plateada. Había una pequeña tarjeta, que decía: “Te amo, niña bonita”. Caí de rodillas, sin poder contener el llanto. ¿Qué rayos había hecho? “Lo lamento, mi amor”, pensé, sosteniendo el collar entre mis manos. Me puse de pie, me sequé las lágrimas y cogí el móvil, para leer su mensaje, el cual decía: “Reiko, ¿podemos hablar?“. Guardé el collar en su caja y la dejé en la mesa de centro, para luego salir del departamento. Me paré frente a la puerta contigua, y suspiré, antes de tocar el timbre. No sabía qué diría exactamente y estaba intentando pensar, cuando la puerta se abrió. Mi corazón dio un vuelco al ver a Muzan ahí. Sin decir palabra, lo abracé fuerte. Él me correspondió y me preguntó en voz baja:

—¿Estás más tranquila?

—¡Lo lamento! — exclamé comenzando a llorar— ¡Perdón! — él me tomó de los hombros y me miró, un tanto desconcertado.

—Pero ¿por qué te disculpas? — me preguntó.

—Por mi manera de portarme contigo— le respondí entre sollozos— soy una mala persona.

—No, no lo eres— me secó las lágrimas de manera delicada— eres una buena chica. Además, yo tampoco me porté del todo bien. También te debo una disculpa.

—No, no — me tomó de la barbilla y me miró. Me perdí en sus ojos y dejé de llorar.

—¿Mejor? — me preguntó. Asentí con la cabeza.

—¿Aceptas venir a cenar aquí?

—Yo estaba decorando mi casa para la ocasión, pero no terminaré— le respondí.

—No es necesario, mi casa no está decorada, descuida. Vamos a pasarla bien hoy.

—Sí, claro.

—¿Ya viste el regalo?

—Sí me encantó. Me arreglaré y vendré para que me pongas ese bello collar. Y te daré tu regalo— lo tomé del rostro y lo besé en los labios. Él pasó uno de sus brazos por mi cintura y el otro por mi cabeza, me pegó a su cuerpo y correspondió a mi beso. No quería soltarlo. Rodeé su cuello con mis brazos, para que supiera que no lo iba a dejar tan fácilmente, cuando sentí que dio un pequeño salto y se separó de mí. Vi un pequeño corte en su labio inferior, del cual, brotaba sangre. Sin querer, lo había herido con uno de mis colmillos.

—Lo lamento— le susurré.

—Descuida— me dijo limpiándose la sangre con uno de sus dedos— has hecho cosas peores— no pude evitar reír. Aunque fuera una broma suya, me causó gracia, por que era verdad. Había hecho cosas peores en el pasado. Extrañaba en ocasiones al otro Muzan, ya que era más sencillo hacer que se enojara y me dijera su típica frase: “¿Te burlas de mí?“, lo cual, hacía que me divirtiera. Este chico era más tranquilo y me costaba hacer que se molestara, pero decidí intentarlo.

—Sí, como tratarte mal, por ejemplo— asintió, haciendo la cabeza hacia un lado.

—Ser fría y distante.

—Un poco pero soy capaz de soportarlo.

—Tratarlo de manera formal, joven Ubuyashiki— lo vi fruncir el ceño. Estaba funcionando.

—Usted merece mi respeto, joven.

—¿Vas a empezar con eso? — me dijo en un tono molesto.

—No voy a empezar ya empecé. Debido a lo ocurrido hoy, debo ser más cuidadosa con usted, jovencito.

—¿Te burlas de mí?

—Un poco, sí— frunció el ceño tanto, que hasta su nariz se arrugó. Me morí de ternura y lo abracé de nuevo.

—Sólo bromeo, mi amor, tranquilo— le dije. Dudó un segundo, pero me abrazó de nuevo.

—Amo cuando tu nariz se frunce— le susurré.

—No tienes por qué hacerme enojar sólo para ver eso.

—¿Debo pedírtelo entonces?

—Sí— me respondió en voz baja, como avergonzado. Le di beso en la mejilla, para luego separarme de él.

—Iré a ponerme linda para ti, amor. Ya regreso— él asintió. No pude evitar besarlo de nuevo en los labios, a lo que él correspondió, para luego regresar a mi departamento. Ya me sentía mejor y sabía que él también. Algo me decía que se había sentido igual de triste que yo y que, tal vez, también había pensado en pasar solo este día. Era extraño que Muzan se portara tan bien. Sí, era más tranquilo que su homólogo del pasado, pero seguía teniendo carácter fuerte y era algo mandón y, en ocasiones, un poco odioso, sobre todo cuando se ponía celoso. Aún no le decía que yo era demonio y no tenía caso decírselo, ya que mi sangre estaba tan diluida que era cuestión de unos pocos años para volver a ser humana, además de que no sabía si me creería. Aún así, lo amaba demasiado. Reconocía que mi comportamiento en el pasado con él no había sido el mejor e intentaba compensárselo de algún modo, pero tampoco era mi responsabilidad al cien por ciento. El rey demonio había tenido formas un poco cuestionables para ganarse mi corazón, por lo cual yo le había tenido miedo. Igual y ya nada de eso importaba, pues este bello hombre era inocente de lo que su yo del pasado había hecho, tanto con todos los de su alrededor, como conmigo, pero ya se lo había perdonado.

Ya era de noche, cuando caminé hacia la puerta de su departamento y toqué el timbre. Tenía en mis manos su regalo, envuelto en papel rojo y negro, con un listón blanco. Me había puesto un ajustado kimono moderno color rojo oscuro, unos zapatos de piso negros y mi cabello estaba recogido en un bonito moño, con un lazo rojo. Y, por supuesto, el collar que Muzan me había regalado en la mañana, lo lucía. Esperaba poder impresionarlo, al menos, con mi regalo. Me alisé un poco la ropa y la puerta se abrió. Mis ojos se llenaron de lágrimas al ver a mi amado vestido con ropa elegante, como solía vestir.

—Hola, amor— me saludó sonriendo. Yo estaba muda de la impresión. Mi cuerpo temblaba.

—¿Te encuentras bien? — me preguntó— te ves pálida y estás temblando— me cogió del brazo y entró conmigo a su departamento, para luego cerrar la puerta y llevarme a uno de los sillones de la sala— tus manos están muy frías— me miró a los ojos.

—¿Por qué lloras? — insistió con sus preguntas— ¿te sientes bien, amor? — logré reaccionar y, por fin, pude decir algo.

—Es que me impresionaste pero estoy bien, no te preocupes — no pude más y lo abracé, logrando dominar mis lágrimas. Él correspondió a mi abrazo, sujetándome con fuerza.

—Te ves muy linda hoy—me susurró.

—Tú te ves perfecto, como siempre— le respondí. Muzan me miró y me dio un beso en la frente.

—Esto es para ti— le di mi regalo— espero te guste.

—Si no me gusta, te castigaré— me sonrojé. Ya sabía que tipo de castigo me daría. Lo más extraño es que, en el tiempo que teníamos juntos, nunca pensamos en algo así. Parece que Muzan lo estaba guardando para esta ocasión.

—Acepto mi castigo— le respondí, mientras lo veía abrir su regalo. Su rostro se iluminó. Le había mandado a hacer un par de pulseras de plata con nuestros nombres grabados.

—Me gusta— me dijo— pero...

—Tú castígame— cuando me di cuenta, ya se lo había dicho. Muzan sonrió de nuevo y me respondió:

—Si, lo haré— sacó las pulseras de la caja. Cogí la que tenía mi nombre y se la puse de manera delicada. Él, por su lado, tomó la que tenía su nombre y me la colocó.

—Siento que son como anillos de compromiso— comentó y logré ver un ligero sonrojo en sus mejillas.

—¿Vamos a cenar? — me preguntó— y ponemos una película— lo miré arqueando una ceja.

—¿Qué? — exclamó.

—¿Poner una película?

—Sí, ¿qué tiene de malo?

—Si la pones, dudo que la veamos.

—Para eso son las películas.

—¿Para no verlas?

—¿Qué?

—Así le dicen ahora.

—No te entiendo— creo que este Muzan es inocente de más. Comencé a dudar sobre su castigo.

—Entonces, ¿para qué te sirve esa cabeza?

—Reiko ¿te burlas de mí? — no pude evitar reír.

—Luego te explico— le respondí— no te enojes, amor, es nuestro primer aniversario— resopló. Apoyé mi cabeza en su pecho, como si fuese una niña pequeña. Sentí su mano acariciar mi cabello.

—Te perdono— me dijo, seguido de una pequeña risa. No pude evitar reír también.

—Vamos a pasarla bien, Muzan— lo miré— prometo no hacer más chistes ni burlarme de ti— nos pusimos de pie. Fuimos hacia el comedor.

—Me tomé la molestia de cocinar— me comentó— sé que te gusta comer— suspiré.

—Yo te quiero comer a ti— de nuevo, Reiko hablando de más. Cubrí mi boca con mis manos, aunque pensé que igual y no entendería el chiste. Para mi sorpresa, me respondió:

—Y yo a ti, pero más tarde— lo miré sorprendida. Muzan rio.

—Cenemos, anda— nos sentamos en posición de seiza, uno frente al otro. Comenzamos a cenar, con total calma. Hacía tiempo que no comía acompañada. Si, a veces comíamos juntos, pero esta ocasión era especial. Ver el brazalete en su muñeca me hacía pensar que, posiblemente, esta vez, si tendríamos una vida juntos. Era lo que más deseaba.

Más tarde, estando ya en su habitación, vimos una película, en calma total. Pese a todo lo que yo creí que sucedería, estuvimos tranquilos y vimos de principio a fin la cinta. Mis nervios se calmaron, pues no intentó hacer nada más. Me puse nerviosa al verlo apagar la luz y caminar hacia la cama, donde yo estaba recostada.

—¿Muzan? — murmuré.

—¿Sí? — preguntó poniéndose sobre mí y acariciando mi cabello.

—¿Qué pretendes hacer?

—Nada— susurró y acto seguido, comenzó a besarme y a acariciarme suavemente. Debo aceptar que él se portó de manera delicada y amorosa durante todo el acto. Yo no podía dejar de mirarlo de cuando en cuando a los ojos.

Era de madrugada cuando me desperté. Consulté la hora en mi móvil y me di cuenta de que eran las cuatro de la mañana. Muzan dormía profundamente a un lado mío, dándome la espalda. Al verlo, no pude evitar sonreír. Pasé mi brazo por su cintura y me pegué a él, para volver a dormir. El olor de su piel era más suave y placentero que el de la Era Taisho. Tal vez me parecía así porque yo era demonio aún, aunque eso de momento no podía saberlo. Sólo esperaba estar a su lado ahora sí hasta que nuestros días terminaran y tener la felicidad que nos fue negada en el pasado.

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