Ámame

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Summary

Cuando Aldair se mudó a un nuevo edificio, no esperó que después de cinco años, se iba a reencontrar con aquel chico que solía regalar abrazos en el ascensor y que lo había marcado de una manera bastante significativa, sin embargo, no estaba seguro de estar preparado para permitirle entrar una vez más en su vida. ¿Las cosas entre los dos podían terminar mal una vez más o solo era él temiendo que lo hicieran? Porque a pesar de que en el pasado no todo fue hermoso, todavía quería guardar los buenos recuerdos y quedarse con los aprendizajes de los malos, pero parecía que cuando Theo estaba cerca, simplemente no podía controlar las cosas que estaban sucediendo a su alrededor.

Status
Ongoing
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
16+
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Capítulo 1

Parado frente al ascensor, no puedo evitar pensar en: una mudanza más. Que no es algo que se sienta como malo, sino como necesario, ya que encontrar un lugar al que se puede llamar hogar no es sencillo. En cinco años he cambiado siete veces de apartamento, y en más de una ocasión estuve tentado a volver al que una vez fue mío, o al edificio, ya que la estructura de todos los apartamentos era igual. En un principio tuve temor de hacerlo, pero luego me di cuenta de que no era lo que realmente necesitaba.

Superar esa etapa de mi vida no fue nada sencillo en realidad, pero aprendí a vivir por mí mismo, a ver por mí, a llegar a estar en paz y no depender de alguien más. Volví a hablar con mis amigos, y cuando algunas veces estos mencionan a Malú, ya no duele. Por otro lado, no tengo amigos en común con Theo, pero creo que fue mejor así. No he vuelto a saber de él desde el día que nos despedimos en la puerta del edificio en el que vivíamos. No lo odio, en algún momento estoy seguro de que lo perdoné realmente.

He estado llevando una vida tranquila: el trabajo, algunos amigos, tiempo para mí mismo, mis prioridades, disfrutando de cada momento porque me di cuenta de que la vida no se termina con una persona, sino que sigue, y el único que se la arruinaría sería yo mismo. No voy a mentir y decir que no dolió, hubo noches en las que lloré, pero llegué a encontrar mi propia paz, y cuando lo pienso, creo que debí pasar por todo eso para estar en este punto, para ser el Aldair Carter de ahora: un hombre de treinta y tres años que aprendió a vivir la vida. Puedo decir que ahora todo está en orden, o casi todo, porque hay muchas cajas que ordenar en mi nuevo apartamento, debido a que los demás lugares nunca fueron el correcto.

Estuve en algunos apartamentos tan espaciosos como en el que viví con Malú, pero ninguno fue suficiente, y ahora estoy probando con uno más pequeño. Tiene dos habitaciones, una sala de estar pequeña, la cocina, el baño, y el edificio también parece agradable. Sé que puede parecer irónico que haya cambiado grandes edificios por uno pequeño que ni siquiera tiene su propio garaje, la mayoría de las personas se enfoca en la abundancia y el crecer hacia lo más grande, y está bien, no los juzgo, pero pienso que por ahora no es lo que necesito, o tal vez sí, pero en este momento estoy probando con el lugar pequeño.

El guardia del edificio parece ser una persona agradable, lo saludo y me dirijo al ascensor. Veo cómo este tiene los números rojos marcando que alguien todavía está en el cuarto piso. Espero paciente, tampoco es que me emocione mucho el hecho de desempacar, y sé que es lo que tengo que llegar a hacer en el apartamento.

Mientras estoy parado esperando, soy sorprendido por un par de brazos delgados que se envuelven alrededor de mi cintura. Busco con la mirada de quién se trata y me encuentro con una pequeña de cabello rubio abrazada a mí. Cuando ella levanta su rostro, me sonríe, mostrándome que está mudando los dientes, y tal vez puedo estar equivocado, pero su rostro me es familiar.

―¡Mishka! ¿Qué te dije de abrazar a desconocidos?

Aquella voz llama no solo la atención de la niña que no se suelta de mí, sino también la mía, porque me parece bastante conocida, y sé que no me he equivocado cuando al girarme veo una figura delgada, aunque no tanto como en el pasado; ahora tiene músculos definidos. Se acerca a nosotros, su cabello negro cae por su frente, pero es un poco más corto que mi último recuerdo que tengo de él. Sus rasgos también se han vuelto más definidos.

Cuando se detiene frente a mí, sus ojos se amplían un poco e intenta ocultarlo al bajar su mirada a la niña, que no se ha soltado de mí a pesar de que él está aquí, sino que parece abrazarme con más fuerza.

―Pero, Theo, tú siempre dices que los abrazos curan todo.

―Pero con las personas tristes, el señor no luce triste. ―Él extiende la mano a su hermana―. Lo siento ―dice mirándome y toma el brazo de Mishka para alejarla de mí―, ella a veces abraza a todos.

¿Puede ser una costumbre de la familia Smith? Porque recuerdo perfectamente que Theo me abrazó dentro del ascensor cuando no me conocía. Creo que en ese tiempo necesitaba ese abrazo, aunque el de Mishka no ha sido desagradable, pero también entiendo el punto de él. No es nada adecuado que ella tenga esa costumbre, podría sucederle algo.

―Está bien, entiendo.

Mishka ahora se abraza a su cintura, ella me mira a mí y luego a su hermano, haciendo un mohín porque Theo no le está prestando atención, en cambio, él no ha quitado sus ojos de mí.

―¿Qué haces aquí?

Creo que no tiene ningún sentido fingir que no nos conocemos, tampoco es que cuando terminamos hubiera sido entre gritos y llanto, de hecho, las cosas estuvieron bien, aunque han pasado cinco años en los que no nos hemos visto para nada. Creo que esa es la única barrera real.

―Acabo de mudarme.

Las puertas del ascensor se abren y baja una pareja que nos saluda, luego de que pasa de nosotros, Mishka es la primera en entrar, seguida por su hermano que me mira como asegurándose que voy a subir con ellos.

―¿A qué piso te mudaste?

―Al tercero.

Theo levanta una vez más sus cejas y envuelve su brazo alrededor de los hombros de Mishka, quien se ha abrazado de nuevo a él. Asiente, marcando el número en el elevador, y hace un mohín con sus labios antes de hablar.

―No me digas que eres el que se mudó ayer en la noche y no me dejó dormir.

―¿Vives en el piso tres?

―Sí.

No es como que me sorprendiera demasiado que viviera aquí, aunque pensé que continuaba viviendo en el edificio en el que nos conocimos. Estos apartamentos son muy pequeños para toda su familia.

―Entonces, probablemente fui yo.

Cuando el ascensor llega a nuestro piso, Mishka corre hasta la puerta que está enfrente a mi apartamento, y me parece demasiada casualidad no solo que hayamos coincidido en este edificio, sino que sea mi vecino de enfrente.

Cuando la puerta se abre, también puedo ver otro rostro conocido. Jared está ahí, aunque él no parece reconocerme tan rápido como lo hizo Theo, porque vuelve a cerrar la puerta casi por completo.

―¿Cómo viven todos en un espacio tan pequeño? ―pregunto curioso y Theo sonríe.

―Cuido de Mishka en mis días libres y Jared suele ayudarme si tiene tiempo. Ya no vivo con mis padres, vivo solo ahora.

―Ya veo. ―Abro la puerta de mi apartamento―. Supongo que nos estaremos viendo en ocasiones, ya que somos vecinos.

Me encojo de hombros, como si no tuviera relevancia alguna.

―Sí. ―Él toma el pomo de su puerta―. Fue agradable verte otra vez, Aldair.

―Lo mismo digo.

Theo me sonríe y entra a su apartamento, y yo hago lo mismo, sintiéndome… No sé cómo explicarlo. ¿Bien? Porque fue agradable verlo otra vez.

Aunque cuando cierro la puerta del apartamento no estoy muy feliz, no cuando me encuentro con todas las cajas, porque esta mañana solo desempaqué lo más esencial, que era mi cafetera, la tostadora, una sartén y algo de mi ropa.

Abrir caja tras caja no es la cosa más divertida y casi salto de felicidad cuando alguien toca la puerta, porque Michael se ofreció a venir a ayudarme a desempacar, claro, si tenía tiempo, pero no es a él a quien tengo delante de mí, sino a mi vecino de enfrente que, a diferencia de horas antes, en este momento está usando ropa deportiva y lleva una bandeja con comida en sus manos.

―Hola otra vez ―dice con una sonrisa en sus labios―, quería traerte algo como bienvenida. Espero no haber llegado tarde con la cena. ―Me extiende la bandeja.

―Gracias. ―La tomo―. Creo que eres oportuno, no he cenado todavía.

Y su comida se ve apetecible. ¿Qué hora es? Porque estoy seguro de que mi estómago ha hecho un sonido vergonzoso por ver y oler la comida, y más cuando Theo se ríe.

―¿Te molesta si entro?

―No, pasa.

Abro más la puerta para él y llevo la bandeja con comida a la cocina, que también puede verse desde la sala de estar. Lo veo recorrer con su mirada el apartamento, pasando entre las cajas que parecen interminables.

―¿Quieres que te ayude a desempacar?

Hago un sonido algo extraño que lo hace reír. Me ha tomado desprevenido, además de que me metí un poco de arroz y carne a la boca, pero la idea de que me ayude a desempacar me agrada, y si Michael quiere llegar en unos minutos más a ayudar, también. Estaría feliz de que lo hiciera, aunque cuando termino de cenar me digo que no vendrá, y para ese momento Theo ya parece un poco más familiarizado con las cajas y dónde va cada cosa.

Tenemos una plática trivial mientras me ayuda a desempacar y me uno a él en eso. Me cuenta que desde hace tres años es policía, y bueno, no me esperaba eso de él. Pensé que estudiaría algo relacionado con el arte, porque eso todavía le gusta, me lo ha dicho cuando le dije que pensé que lo haría.

También me dice que está soltero y que le gusta cuidar de Mishka en sus días libres porque, de esa manera, no se siente solo. Y eso me recuerda que ella sigue pareciéndose a él, ahora incluso regala abrazos a desconocidos, aunque me asegura que él ya no lo hace, lo de regalar abrazos a cualquier persona.

Llevamos un poco más de la mitad de las cajas cuando miro el reloj, que marca las doce de la noche, y los dos sabemos que es el momento de despedirnos, o eso es lo que pretendía cuando le dije la hora, porque me parece ver esa mirada traviesa que solía tener en el pasado. No sé si Theo ha venido con planes de no irse, los míos cuando le abrí la puerta no han sido tener sus labios sobre mí, pero es lo que sucede antes de que él se vaya, despidiéndose con un “Aldair, nos veremos por ahí” que sé que pasará. Nos veremos y no creo que vaya a ser precisamente una casualidad.

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