Tinta y Resplandor
El aire en la cueva era denso, caliente y viciado por la fragancia del ciclo. La penetrante esencia de un omega en pleno desespero se había instalado en cada rincón, retorciéndose alrededor de Uzui como una trampa mortal.
Yushirō estaba allí, acurrucado contra la pared, su cuerpo tenso, los ojos dilatados y llenos de desesperación. Sus labios estaban resecos, la piel húmeda por el sudor, y el temblor incontrolable lo dominaba, haciendolo parecer aún más frágil.
Uzui respiró hondo, sintiendo cómo la presión alfa lo consumía, golpeando su pecho como un martillo. Los instintos primarios estaban sobre él, como una sombra oscura que le susurraba cosas que no queria escuchar. Pero no podía dejarse llevar.
No podía.
Se acercó lentamente, cada paso una marcha hacia lo inevitable. El aroma de Yushirō lo envolvía, volviendo sus pensamientos más confusos.
—No... — Murmuró Yushirō, pero su voz era un susurro quebrado, casi una súplica.
Era claro qué él no quería ayuda. El rechazo estaba escrito en su rostro, en la tensión de su cuerpo. Pero el instinto de Uzui no podía ser ignorado. El alfa exigía algo más.
—¿Qué quieres de mí, Yushirō?— Preguntó Uzui, su voz baja, resonante, grave.
El omega levanto la cabeza, su mirada llena de deseo y odio.
—Quiero que te vayas. — Su voz era un ronco gruñido, aunque su cuerpo lo traicionaba—. No me toques.
Uzui se detuvo frente a él, demasiado cerca. Podia sentir la oleada de fermononas en el aire, caliente, dulzona, pero también llena de desesperación y deseo no hablado. Su cuerpo reaccionó con fuerza, los músculos tensándose, el impulso de marcarlo casi incontrolable.
—Te vas a rendir... — susurró Uzui, apenas un murmullo, pero las palabras vibraron en el aire como una sentencia.
Yushirō no lo quería. No lo deseaba. Pero sus instinto omega no lo dejaba pensar, solo sentir.
El omega cerró los ojos, y por un momento parecía rendido. Uzui lo vio. Y una ráfaga de oscuridad se apoderó de él. No podría dejarlo escapar. No en ese estado. No ahora que estaba tan vulnerable.
Sin previo aviso, Uzui se agachó, tomándolo por la muñeca con fuerza.
—No voy a irme — dijo, con una voz llena de decisión y amenaza.
Yushirō intentó resistirse, pero el calor lo envolvía y su cuerpo le respondía traicionando su voluntad. Un estremecimiento recorrió su espalda cuando Uzui presionó su pecho contra el suyo, el alfa respirando su aroma con un deseo palpable.
—No tienes control sobre esto. —La voz de Uzui era profunda, peligrosa.—El ciclo ya ha comenzado.
Yushirō lo miró con los ojos brillando en la oscuridad, su mirada estaba mezclada de desafío y rendición. La furia en su interior se retorcía, pero el deseo lo quemaba.
El aroma era demasiado intenso. El calor de su cuerpo, de su alma, se estaba apoderando de él. ¿Como podía seguir resistiendo?
—No lo hagas... — Susurró Yushirō, aunque sus palabras se perdieron en el aire.
Uzui lo sostuvo, sin compasión. En ese momento, el omega no era más que una presa rota en sus brazos, y su alfa lo reclamaba, exigiendo lo que siempre había sido suyo.
—Cierra los ojos, Yushirō. —La voz de Uzui era una orden, pero también un susurró lleno de deseo.
El omega lo miró fijamente, pero la fatiga, la fiebre, y su propio cuerpo traidor lo desbordaron. Su respiración se aceleró, sus dedos temblaban, y el contros se escapaba como agua en sus manos
Al final, no podía negarlo.
El ciclo lo había consumido.
—Esto no se acaba hasta que yo diga que se acaba. — Uzui presionó su cuerpo más cerca, sintiendo el calor abrasador de Yushirō, su aroma intoxicante llenándolo por completo.
El omega no respondió. Ya no podia.
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El silencio en la cueva era sofocante. Solo se escuchaba la respiración entrecortada de Yushirō y latido ensordecedor de su propio corazón. El ciclo lo estaba destrozandolo, consumiéndolo por dentro, devorando su orgullo, su corazón, su voluntad.
Y Uzui estaba demasiado cerca.
El alfa ardía en su piel, su presencia lo envolvía como fuego en un campo seco. Demasiado fuerte. Demasiado presente.
Yushirō apretó los dientes, con los ojos ardiendo en rabia y desesperación.
—Uzui... vete.
Pero su voz ya no tenía la firmeza de antes. Porque él mismo no estaba seguro de quererlo.
El alfa no se movió.
—No te voy a dejar en este estado — dijo, su voz firme como una roca.
Dominante.
Yushirō sintió un escalofrío de furia y miedo. No de miedo a Uzui... sino a sí mismo.
Su cuerpo lo traicionaba, enviando impulsos de rendición, de deseo, de necesidad. Quería escapar. Queria ceder.
Pero no podía permitirlo.
—No... — susurró, pero su aliento quedó atrapado cuando Uzui movió su mano y la deslizó con firmeza sobre su nuca, sujetándolo.
Un toque de control. De advertencia.
Los instinstos omega de Yushirō gritaron.
Era una trampa. Una maldita tramoa de su propio cuerpo.
Los alfas como Uzui podían romperte sin siquiera tocarte.
—Tienes miedo — Murmuró Uzui, con una sonrisa sin rasto de burla —. No de mí... sino de lo que te hace sentir esto.
Yushirō jadeó, temblando. No queria escucharlo
—Cierra la boca...
—Dímelo, Yushirō. — Uzui apretó su agarre, no fuerte, pero lo suficiente para que su cuerpo omega entendiera el mensaje.
Una orden.
Yushirō se estremeció. Sus uñas arañaron el suelo, su respiración se volvió errática. Lo odiaba. Odiaba que su cuerpo omega quisiera obedecer.
—Dime que no lo quieres. Dímelo.
Su voz lo atravesó, profunda y peligrosa.
Una alfa como él no pedía. Exigía.
Yushirō sintió un nudo en la garganta. El instinto de sumisión lo estaba destrozando.
Quería huir. Pero sus piernas no respondían.
Quería gritarle. Pero su voz se había roto.
Quería rechazarlo. Pero su cuerpo... su maldito cuerpo omega...
Uzui esperó. Porque él sabía la respuesta.
La vio en el temblor de sus manos.
En la forma en que su cuerpo no se apartaba.
En la manera en que su aroma dulce se volvía más fuerte...
Como si estuviera llamándolo.
La risa de Uzui fue baja, apenas un susurro.
—Eres un infierno de contradicciones, Yushirō.
Yushirō apretó los labios, sus pupilas dilatadas de rabia y deseo contenido.
Odiaba esto.
Odiaba que su instinto estuviera en guerra co su mente.
Odiaba que Uzui lo supiera.
Y lo que más odiaba...
Era que Uzui no se apartara.
Porque si lo hacía...
Yushirō sabía que su cuerpo lo iba extrañar.





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